#Conozcamos a Álvaro Soffia Serrano

Él es Álvaro Soffia Serrano, chileno. Es licenciado en Historia (UCV) y magíster en Edición (U. Pompeu Fabra, Barcelona). Ha trabajado por más de una década como editor y coordinador de publicaciones, entre otras editoriales para Lonely Planet en castellano.

Es autor del libro «Lea el mundo cada semana. Prácticas de lectura en Chile» (2003). Actualmente trabaja como Coordinador de Fomento Lector del Sistema Nacional de Bibliotecas Públicas (Servicio Nacional del Patrimonio Cultural, ex DIBAM), desde donde impulsa estrategias de fomento lector como booktubers, bibliomóviles y clubes de lectura, entre otras.

Entrevista: @Urdimbrediciones

Cuéntanos ¿cuál es tu relación con los libros?

Hoy por hoy es desapegada, me interesa más la lectura que el libro en sí. Eso no quiere decir que no sea un enamorado de los detalles que pueden darte un goce estético en el momento de la lectura o de las ediciones que proponen nuevas formas de leer, pero en algún momento comprendí que jamás podría leer todo lo que me gustaría leer y por supuesto tampoco podría permitirme comprar todo lo que quisiera leer. Por suerte, existen las bibliotecas públicas, donde puedes encontrar de todo y gratis. 

Creo que los libros, pero sobre todo la lectura, han estado presentes en todos los momentos de mi vida: en mis trabajos, en las vacaciones, en los estudios, en los viajes, en las relaciones humanas y familiares, y también en la creación.

¿Cómo te encuentras con la novela gráfica?

Juanjo saezFue en la biblioteca pública de Gracia, mi barrio en Barcelona. Me acerqué a la estantería de cómic y novela gráfica con cierto escepticismo, ya que lo asociaba principalmente con superhéroes, mangas o esas cosas, pero me di cuenta que había historias para todos los gustos y con estilos muy diversos; no solo había caricaturas o musculosos con superpoderes sino que también habían unos más realistas o que incluso parecían mal dibujados, pero que lograban comunicar y tenían mucho éxito (Juanjo Sáez). Sobre todo me encantó encontrar historias para público más adulto y pensante, pero ya no solo en un formato de ensayo sino que mediante dibujos y en secuencias… ¡cómic!

Según me han contado aprendí a leer con las revistas de Mickey, Donald y Tribilín. Como tantos niños, me fascinaban los libros o revistas con “monos” y recuerdo pasar horas hojeando enciclopedias y diccionarios ilustrados, así como también la emoción con que esperaba aquellos martes en que salía, quincenalmente, mi revista favorita: Barrabases, sobre un entrañable equipo de fútbol infantil.

Pincalero después no seguí siendo “comiquero”, nunca enganché con los manga japoneses, ni con los superhéroes tipo Marvel, DC Cómics, etc. Sin embargo, lo poco y nada que circulaba de cómic “europeo” sí que me parecía atractivo: de adolescente pude leer al tándem Jodorowsky-Moebius y por supuesto a Milo Manara, y no solo por el evidente interés que despierta su universo erótico en un quinceañero, sino por un estilo de línea gruesa pero realista, medio renacentista incluso, que me marcó. Fueron las primeras historias que leí en cómic que no fueran para niños ni niñatos (o “huailones”).

Poco a poco fui leyendo todo lo que pude en mi biblioteca, hasta que al cabo de unos meses me había leído casi todo lo que me interesaba, razón por la cual el personal de la biblioteca me recomendó ir a otra sucursal que estaba especializada en cómic, tomé mi scooter y partí para Sant Andreu, eso fue un orgasmo: ¡estaba todo! Lo primero que hice fue preguntar cuántos libros me podía llevar a la vez y me dijeron que 15, lo que me parecía muy poco, jajaja. A la semana volví con mi chica de entonces para que ella también sacara 15 y así poder llevarnos 30 libros cada vez. En ese tiempo me leí todo lo que pude y no solo lo que me gustaba. Conocí a los hermanos Hernández y me transporté a Palomar, leí a todo Eisner y otros clásicos, japoneses, latinoamericanos, etc. También tomé mi primer taller de guion de cómic en esa biblioteca, donde siempre fueron muy amables y de hecho, creo que es de las pocas cosas que echo de menos de vivir allí.

¿Algún referente, inspiración?

Muchos, aparte de los mencionados Manara y Jodorowsky (que por cierto colaboraron en una magnífica obra sobre los papas Borgia), el trabajo de Joe Sacco me remeció sobre lo que era posible contar en cómic, o las crónicas de Guy Delisle me transportaron a lugares y con un enfoque que me gustaría abordar en mi trabajo. Reinhardt Kleist es otro de mis favoritos, un maestro de una sola tinta. De los japoneses, descubrí tardíamente a Yoshihiro Tatsumi, un maestro de la composición de página (nunca encontrarás dos páginas iguales en sus libros) y de los planos cerrados para ahorrar esfuerzos a los dibujantes; pero sobre todo, por abordar temáticas diferentes a lo que siempre se asocia con lo japo, me refiero a historias que se alejan del “camino del héroe” y cuentan historias más sórdidas pero siempre desde la subjetividad: historias de prostitutas, de vagabundos, de boxeadores, de perdedores, de enfermos, pero con elegancia y sentido del humor. También Jiro Taniguchi, sus historias cortas me parecen tremendas, el incorpora el realismo y la escala humana en el manga, además de los diferentes sentidos: es capaz de hacer que sientas el ruido del viento en las hojas o el olor de un plato de comida. Ambos partieron trabajando desde niños en los talleres japoneses y se foguearon dibujando historias de aventuras, hasta que en un momento comenzaron a aburrirse de eso y decidieron dibujar historias para adultos, no necesariamente eróticas, y ahí es donde se emparentan o son precursores de lo que hoy llamamos “novela gráfica”. De los chilenos, me gustan varios dibujantes, tenemos grandes referentes, pero no me siento identificado con la gran mayoría de las historias que se cuentan actualmente y me lateo. Personalmente no me gustan tanto las historias de fantasía, que abundan.

 

 

¿Cómo pasas de Editor a creador?

Tal vez por el deseo de leer libros que no existen y que me encantaría leer. En este caso me dije, ¿por qué no probar a hacerlos yo mismo? Asumí desde el principio que no iba a dibujarlos, porque no me considero apto para dibujar un cómic, pero me di cuenta que siempre me ha gustado contar historias, así que tal vez podía probar a hacer los guiones. Y me puse a trabajar. Primero, ya lo dije, leyendo muchísimo; segundo, estudiando sobre guion (subrayando el clásico libro de Robert McCkee) y estructuras narrativas, arquetipos, etc. Y luego, probando. Es decir, ensayo y error (más de lo segundo…). Partí con una historia que todavía está en desarrollo tras 5 años, pero que espero pronto vea la luz. Ha sido un camino lento pero que va dando frutos. Hay que tener paciencia y perseverancia, porque es muy difícil contar con las condiciones ideales para desarrollar esta tarea (siempre falta tiempo, ya sea porque hay que trabajar para “ganarse la vida”, por cansancio u otras distracciones) y tener presente que “lo perfecto es enemigo de lo bueno”. Tengo muchas ganas de publicar pronto para poder desarrollar los otros proyectos que tengo entre manos.

¿Qué buscas en un ilustrador cuando desarrollas un proyecto de Novela gráfica? 

En mi caso solo he trabajado con un ilustrador en proyectos de novela gráfica, Rodolfo Aedo, por lo que podría hablar desde esa experiencia. Si tuviera que buscar a otro ilustrador, no buscaría a alguien que simplemente dibuje tal y como yo quiero, sino que buscaría que tuviese un estilo propio y que ese estilo se asemeje o acerque a cómo me gustaría dibujar a mí la historia que tengo en mente. Prueba de ello es que en el proceso creativo con Rodolfo, muchas veces hemos tenido que negociar para llegar a un punto medio entre lo que uno como guionista se imaginaba y lo que el dibujante finalmente dibuja. En ese proceso ganamos todos. En este sentido, es clave apoyarse en un guion técnico y explicitar todo lo que se pueda; nunca está de más una foto de referencia o un ejemplo. De todos modos, lo que funciona bien para unos no tiene porqué funcionar igual para otros.

¿Tienes algún estilo preferido? 

El realista. Tal como señala Scott McCloud, si consideramos un arco de representación desde lo esquemático o la caricatura hasta el hiperrealismo, me ubicaría más hacia este último, pero sin caer en el extremo, porque también creo que lo importante es comunicar un mensaje, no hacer gala de virtuosismo. Me gusta trabajar a una tinta, creo que le da cierta atemporalidad (aparte de abaratar costos); también me gusta que los dibujos tengan fuerza y carácter, no que sean “perfectos”. Si comunican lo que se esperaba, ya valen.

Con respecto a tus proyectos, ¿De qué se trata la novela gráfica que estás por publicar?

Es una breve novela gráfica sobre un hecho real que siempre me llamó la atención: el partido de fútbol entre la selección de Chile y la URSS, por un cupo para el mundial de Alemania 1974. La delegación chilena partía el mismísimo 11 de septiembre a las 18 horas, pero por razones conocidas no pudieron viajar ese día. Cuando lograron llegar a Moscú ya eran la selección de un país que tenía a un dictador anticomunista a la cabeza y se habían roto relaciones diplomáticas con Chile. En un entorno complicado, nuestra selección sacó un buen resultado, que a la larga nos permitiría jugar el Mundial. Lo que queremos relevar es la valentía de esa selección, donde muchos eran abiertamente partidarios del gobierno derrocado, pero que fueron a cumplir con su compromiso más allá de los riesgos que significaba dejar solas a sus familias por varias semanas. El resto tendrán que leerlo cuando esté publicado.

¿Qué te lleva a crear un libro como este?

Podría decir que reúne dos de mis pasiones: novela gráfica y fútbol. Además, se relaciona con mi formación profesional, porque yo estudié Historia. En todo caso no es un documental, porque también nos permitimos licencias creativas.

La verdad es que tenía pensado que fuera un capítulo dentro de otra historia, pero quienes la leyeron me dijeron que ahí no pegaba nada. Así que la guardé en un cajón, hasta que tomé un taller de guion técnico de cómic con Felipe Benavides y recién cuando empecé a trabajarla en el taller, nos dimos cuenta de podía funcionar por sí misma.

¿A qué público está dirigido?

El público es bien amplio. Si pensamos por edades, sería desde juvenil en adelante. Si pensamos en temáticas, apunta a los lectores de fútbol (cada vez somos más) y a los lectores de cómic y novela gráfica. Además, podría sumar también a los lectores que quieran saber un poco más de la historia reciente (también una tendencia creciente) desde un prisma diferente.

¿Cuál fue la parte más complicada/difícil de todo el proyecto?

Creo que no lo he mencionado, pero Rodolfo Aedo, el dibujante, vive en Caleta Tortel, en la región de Aysén, en la Patagonia chilena, a más de dos mil kilómetros de donde vivo. Es un lugar precioso, por lo que cuentan, pero la conectividad allá no es muy fiable, por lo que solo podemos conversar por teléfono y whatsapp, pero cuesta mucho poder mandar un archivo por wetransfer. Ahora ben, visto en perspectiva, creo que hemos convertido esa debilidad en una fortaleza, porque hemos aprendido a ser más asertivos, a ser ejecutivos y ordenados, conformado una manera de trabajar que nos está funcionando. De hecho, no sabría decir si estar en la misma ciudad facilitaría las cosas o las dificultaría más, jajaja.

¿Y la parte más divertida?…

Lo más mágico fue cuando, luego de meses de trabajo en “abstracto” (en sucesivas versiones del guion), empecé a recibir las primeras páginas dibujadas… y no solo reflejaban muy bien lo que había imaginado, sino que en muchos casos lo superaban. Otro momento gratificante ha sido ver que la obra despierta interés, ya que a cada persona que le hemos enseñado la obra en desarrollo nos ha dicho que le encantaría leerlo una vez esté publicado.

En el proceso de elaboración de un libro, la relación con los editores es uno de los aspectos fundamentales para la calidad de una obra. ¿Cómo ha sido este proceso? 

En nuestro caso no ha sido muy positivo. Descartamos postular a Fondos de Cultura porque las evaluaciones nos parecen un tanto arbitrarias. Tampoco optamos por la simple (y romántica) autogestión porque no queremos llenarnos de libros en casa, sino que deseamos que circulen y se lean. Por eso ofrecimos la obra a algunas editoriales afines, pero más allá de que la mayoría se mostró interesada, nos decían que tendría que ser para el otro año. Hubo una editorial que nos contactó y nos ofreció sacarlo en 2018, pero al final se hicieron humo. De hecho, incluso llegué a pensar que al editor le había pasado algo porque no contestaba los correos, ni el teléfono. Pero después me fui enterando que parece que es algo normal en el mercado editorial chileno. Esperamos poder publicarlo en 2019, ya que tenemos que darle tiraje a la chimenea y sacar adelante otros proyectos que tenemos en desarrollo o en barbecho.

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Como coordinador de Fomento Lector: ¿cuál crees que es la función de la LIJ?

Creo que la literatura que hoy llamamos LIJ es más un producto comercial o una etiqueta. En realidad muchos de los “clásicos LIJ” no fueron pensados necesariamente para niños y jóvenes. 

Dicho esto, me parece muy positiva la enorme oferta actual que busca atender las necesidades (o crearlas) de los más chicos y jóvenes, pero el problema con la LIJ, tomando unas sabias palabras del escritor Gonzalo Moure, es que en general me parece que malacostumbramos a los niños a un tipo de libros muy edulcorados y que luego, en la adolescencia, eso nos hace cómplices cuando pierden el interés por la lectura, porque al crecer se dan cuenta que el mundo, su entorno, es más duro, es más cruel… y los libros “para jóvenes” no dan respuesta a sus inquietudes.

¿Qué piensas acerca de la ilustración y su función en la LIJ?

Creo que la imagen tiene un enorme potencial para comunicar historias, creo que juega un papel fundamental a la hora de formar lectores. Sin duda hoy en día es posible, y más accesible que nunca, producir libros a todo color, con materiales resistentes, encuadernaciones atractivas, bellas ilustraciones, etc.,  pero no tengo tan claro si estas oportunidades van aparejadas con historias que estén a la altura.

Participo hace dos años en un comité de selección LIJ y me he encontrado con libros muy atractivos pero cuyo contenido luego desilusiona. Creo que hoy se le da más importancia a la forma que al fondo (y no solo en LIJ), por lo que creo que la ilustración por sí sola no basta (inclusive tratándose de ilustración connotativa). Por supuesto que hay matices y existen grandísimas obras recientes.

¿Tienes algún referente o alguna obra/artista favorita en este campo?

Es un campo demasiado amplio, por lo que me remitiré a los “juveniles”: me parece que “Persépolis” de Marjane Satrapi es una buena forma para acercarse a la novela gráfica; “Barrio lejano” de Jiro Taniguchi también me habría encantado leerla cuando adolescente; y por último “Notas al pie de Gaza” de Joe Sacco, un libro de reportajes de guerra en cómic, muy bien documentado y que reconstruye de manera magistral los inicios del conflicto en medio oriente.

¿Podemos pedirte que nos recomiendes un libro fundamental en el campo de la literatura infantil y juvenil?

Más bien diría “lean lo que quieran”. Lo fundamental es fomentar la curiosidad, no la literatura. Hay muchísima gente que no se siente a gusto leyendo novela, cuento, poesía… y por ende sienten que “no son lectores”. Pero el problema es la mediación.

Te pongo un ejemplo: el otro día conversé con un taxista de esto mismo, al principio me decía que no leía y al bajarme me pidió un minuto para anotar los libros que le estaba recomendando: uno de cuentos sobre futbol, otro de historia mapuche y otro de novela gráfica. ¿Qué pasó? Que, al profundizar un poco más, al preguntarle qué temas le gustan, que hace en su tiempo libre o que le habría gustado ser o hacer en la vida, fuimos encontrando obras que conectan con esas inquietudes o gustos.

Pero para volver sobre la pregunta, recomendaría menos literatura y más libros de divulgación, de experimentos tipo “hágalo usted mismo”, de manualidades.