#conozcamos a Francisca Robles – musgoamigos

Ella es Francisca Robles, artista textil e ilustradora, creadora de Musgoamigos; una línea de diseño enfocada a la investigación en torno a la nueva artesanía.

Como ilustradora y artesana ha expuesto sus trabajos en espacios enfocados al oficio textil en Chile y el extranjero. Se desenvuelve de forma activa dentro de la escena de la ilustración nacional con una propuesta centrada en el textil como material narrativo. Ha ilustrado seis libros con técnicas de costura y bordado, además de colaborar con marcas nacionales en el diseño de diferentes productos.

Dedicada hace más de diez años al estudio de la costura experimental desarrolla actividades educativas para niños y adultos junto a instituciones culturales y gubernamentales a lo largo del país.

Entrevista: @Urdimbrediciones
Fotos: Francisca Robles @Musgoamigos

¿Cómo fue tu acercamiento desde el Arte hacia la ilustración textil?

ejemplo efecto kuleshovCuando estudiaba arte mis trabajos siempre se relacionaban con la gráfica. En ese tiempo no tenía conciencia de que tal vez quería dedicarme a la ilustración, sin embargo casi todas mis entregas se centraban en el carácter narrativo de las imágenes y las interpretaciones que el espectador podía hacer de una composición a partir del uso expresivo de los materiales. Tomé cursos de grabado, acuarela, montaje audiovisual. El estudio de la edición de fotogramas en blanco y negro (efecto kuleshov) me interesó mucho y me dediqué todo un año a jugar con el orden y secuencia de imágenes fijas para la creación de relatos visuales. Eso sí, en vez de hacer video o sacar fotos usaba la aguada en la acuarela y los negros intensos de el grabado en metal para componer.

Creo que una fuerte influencia de esta investigación que seguí cuando estudiaba arte fueron las ilustraciones en tinta blanco y negro de Coré que colgaban de las paredes de mi casa. Viví con mi abuela (hermana de Coré) desde los 9 hasta los 24 años y ella tenía muchos de sus originales enmarcados. Siempre me impresionó la carga expresiva de su línea, sentía que transmitían una melancolía intensa que poco tenía que ver con el carácter dulzón y chistoso de las ilustraciones infantiles de los libros que a mí me tocó leer cuando niña.

En general cuando niña me sentía un poco incómoda con los cuentos infantiles, nunca me gustaron mucho los libros que mis contemporáneas recuerdan con tanta nostalgia. Lo mismo me pasaba al egresar de arte con la ilustración infantil de ese tiempo. En un inicio intenté ilustrar algunas historias infantiles pero tenía ese prejuicio de que la imagen tenía que ser parecida a los dibujos de los libros que había visto. Y no calzaba para nada con el estilo que yo tenía, quedaban tiesas y sin expresión, eran en verdad malas copias de lo que pensaba que debía ser una ilustración.

Entonces comencé a ilustrar otras cosas, afiches de tocatas, discos de música independiente, fanzines. Al mismo tiempo que ilustraba estaba creando mis primeros musgoamigos gracias a los cuales podía participar en ferias de diseño urbano y conocer y compartir con otros editores e ilustradores más parecidos a la búsqueda gráfica que tenía en ese tiempo. Aproveché la estética caótica de mi modo de dibujar, rayando para esbozar, buscando una imagen en el rayado y potenciando esa imagen que el material me sugiere para configurar la composición. Ese modo de componer tiene mucho del “taco perdido” del grabado, parte del aprendizaje de las clases con Klaudio Vidal, uno de los mejores profesores que tuve en la escuela.

Cuéntanos, ¿en qué consiste el proyecto Los Musgoamigos? ¿Cómo nace y cuál es el objetivo?

Musgoamigos nace como una artesanía hecha con reciclaje de telas. Los primeros muñecos los hice el 2008 porque quería participar de las ferias de diseño que se instalaban en los ciclos de tocatas organizadas por Productora Mutante. Más que vender o tener un producto específico lo que yo quería era estar ahí, poder participar y conocer qué era lo que pasaba. No sé por qué me interesaba, pero era algo que me llamaba en ese momento y enfoqué mi trabajo manual en producir para poder estar presente.

Ahora, después de 10 años de Musgoamigos y de muchos cambios en mi vida personal, me llama la atención ese impulso que tenía. Elegí la artesanía casi sin pensarlo y una artesanía muy específica y particular.

Desde un inicio me di cuenta que Musgoamigos no era un producto comercial ya que el tiempo de factura era alto y los valores de venta en una feria independiente por lo general son bajos. Durante esas ferias aprendí mucho y conocí a mucha gente pero claramente no iba a estar participando siempre, lo sentía como el pie de partida para algo más. Cuando pude incorporar talleres educativos a mi participación en estas ferias sentí que todo tenía más sentido porque mi búsqueda va por el rescate de un oficio, por investigar cuánto del oficio textil está en nuestra historia como país. En esos talleres de costura los participantes compartían mientras trabajaban sus “experiencias textiles” y esos espacios de conversación son los que todavía siguen guiando lo que hago como artista visual.

¿Cuáles han sido tus referentes desde lo textil?

Las arpilleras de la Región Metropolitana, especialmente las que fueron realizadas entre los años 70 y 80. El carácter documental de cada imagen siempre me conmovió porque permitieron inmortalizar una parte de la historia de Chile desde la voz y mirada de mujeres que se enfrentaban en carne propia a lo adverso de esos tiempos. Cuando busco imágenes de las tomas poblacionales de los años 70 y 80 siento que las que mejor retratan lo que ahí pasaba son las arpilleras. Las que bordaron la olla común, las escuelas que organizaban para los niños en las sedes sociales de cada toma, los cortes de luz, las mujeres lavando a mano la ropa. Esos textiles que ilustraban como un detallado mapa cada actividad en las poblaciones y que fueron bordadas con tanta dedicación por las propias pobladoras para contar cómo era su vida en Santiago en esos tiempos.

(Imágenes sacadas de la web https://ihc2015.info)

Uno de tus quehaceres es dar talleres en diferentes espacios, a distintos grupos, mayoritariamente mujeres. Crees que lo textil, el oficio de bordar, es una manera de expresar lo cotidiano, por ende, una forma de contribuir al patrimonio cultural?

Totalmente. El “taller de costura” agrupa a mujeres con la excusa del oficio y a partir de esas reuniones de bordado las mujeres se organizan, se acompañan, se empoderan, idean y proyectan, construyendo historia y patrimonio.

Lo he visto cuando leo sobre bordadoras en Chile desde los años 50 en adelante y lo he visto ahora en grupos de mujeres a lo largo del país. Por ejemplo en Pelluhue, la agrupación de Artesanas Manos de María que nace luego del Tsunami. Ellas se organizan para crear productos de tela reciclando ropas que fueron donadas a la zona luego de la catástrofe. Primero, son capaces de reutilizar las prendas que no estaban en buen estado y con ellas crear artesanía para vender y generar ingresos. Además levantan un taller textil en lo que fue una de las escuelas de emergencia luego del Tsunami, postulan y se adjudican fondos para comprar máquinas de coser, se capacitan y desarrollan nuevos proyectos asociados a lo textil desde lo creativo y educativo. Esa agrupación de artesanas son mucho más que un grupo de mujeres que se juntan a costurear, para mí son agentes activos de los cambios sociales y culturales que ha experimentado Pelluhue en los últimos ocho años.

También dictas talleres online, donde se inscriben personas desde distintas partes del mundo ¿Te ha tocado ver nacer algún proyecto que se haya gestado a partir de este espacio de trasmisión de conocimiento?

Justo a inicios de este año me escribió Francesca Poggi, ella está realizando un Máster en Derechos Humanos en Barcelona. Parte de su investigación se enfocó en la situación de mujeres migrantes que se desempeñan como asesoras del hogar en España por lo que comenzó a reunirse con el Sindicato de Trabajadoras del Hogar SindiHogar, estudiando sus demandas y necesidades. Lo que Francesca quería era tomar mi curso online de Ilustración Textil y complementar las clases con un par de sesiones (video llamadas) en las que yo la ayudara a guiar un trabajo textil junto a las mujeres del Sindicato. El objetivo fue diseñar y confeccionar unos delantales en los que se ilustrara con costura y bordado algunas de las demandas básicas de las mujeres que conforman este grupo sindical. El resultado fue muy emocionante, SindiHogar partició de la marcha del 8 de marzo con sus delantales bordados y luego inauguraron una exhibición con todo el trabajo realizado en el taller textil.

Publicaste dos libros junto a Quilombo Ediciones, uno es “Voy”, un desplegable sin texto que narra un viaje en bicicleta por la ciudad, donde tus ilustraciones son de una gran fuerza expresiva, ¿Cómo materializas un concepto e idea para lograr comunicar desde tu propio lenguaje?

Con Quilombo Publiqué dos libros.

Para materializar un concepto lo que hago es primero estudiar los escenarios en los que se desarrollan las historias.

Imagino una situación y la aterrizo en un país, ciudad y época específica. Según eso decido una paleta de color y luego hago los bocetos, por lo general en miniatura. Si voy a trabajar en textil hago bocetos con trozos de papel (kraft, mantequilla e hilado), lápiz tinta y plumones y algunas veces hilvano el papel.

Luego dibujo con tiza el boceto en Crea de algodón del tamaño de la ilustración definitiva. Coso a máquina ese boceto lineal y lo observo. Es como un photoshop artesanal porque primero trazo la línea y luego relleno con color en algunas zonas de ese boceto. Para rellenar con color uso el modo de costura de las Molas, uso una técnica de apliqué inverso. En vez de agregar un retazo sobre la tela base saco un pedazo de la tela y aplico una tela de color bajo la tela que fue cortada…no sé si entiende jeje

A veces corto toda la tela como un gran puzzle y vuelvo a organizar algunas piezas sobre un nuevo fondo para limpiar y destacar las figuras que más me interesan.
Una vez armados línea y colores básicos del fondo me pongo a bordar los detalles; caras, textos, luces con puntadas de color bien pensadas.

En “Voy” usé jeans como color y textura base para ilustrar la ciudad y me inspire en Parque Bustamante con su ambiente de cemento, grafitis, árboles y palmeras. En las escenas de la naturaleza me imaginé pedaleando desde Santiago a Valparaíso y preferí dejar los fondos blancos, potenciando el color en los detalles bordados.

Luego vino ​“Víctor”​, un emotivo libro infantil sobre la vida del artista chileno Víctor Jara, donde tus ilustraciones acompañan los textos de Elena Roco, con un registro que imita las arpilleras, seguramente honrando a aquellas arpilleras que realizaban los y las prisioneras políticas durante la dictadura militar. ¿Cómo fue el proceso creativo detrás de este libro?

Para “Victor” quise homenajear las arpilleras de los años 73 – 80, especialmente pensaba en las que fueron confeccionadas con ropas de detenidos desaparecidos. Imaginé una sensación confusa, en la que el miedo y la pena apagan todo producto del trauma y el dolor intenso. Busqué telas con colores gastados. Las texturas que usé eran toscas y ásperas.
Para los bocetos de cada escena miré muchas fotografías de la época, militares quemando libros, presos en el Estadio Nacional. Estudié los ojos de los presos y los que apresaban buscando diferencias en sus actitudes. Me llamó mucho la atención la neutralidad en las figuras de los presos, siendo que deben haber vivido momentos de mucho horror y miedo. Me di cuenta que ese horror no podía expresarlo como algo tan evidente o gráfico por lo que quise potenciar lo delicado y humano en cada situación. También pensé mucho en las manos de Víctor Jara, en su guitarra y en la manifestación gráfica de su canto.

Recientemente tu libro textil ​“Caras” fue parte ​de la inauguración de la exposición Libro Objeto en la Biblioteca Regional Gabriela Mistral, cuéntanos cómo fuiste dando forma a este libro de rostros, tiene que ver con alguna investigación en torno a la materialidad y el reciclaje por ejemplo.

Los rostros del libro “Caras” los trabajé hace un par de años para una exposición en la Casona Cultural de Panguipulli.
Esa exposición se llamaba “Los Aprendices” y junto a Paloma Amaya (ceramista) le pedimos a diferentes ceramistas y artesanos textiles que nos enviaran un relato contando sobre la persona que les enseñó el oficio.

Luego de escuchar sus testimonios cada una realizó un retrato de estos “aprendices” en textil o en cerámica y eso fue lo que exhibimos junto al audio con estas narraciones.

Los retratos que yo hice en el textil no se parecían físicamente a los que me compartieron sus relatos pero elegí texturas y colores pensando en cada uno de ellos. El resultado fue más de 12 caras en textil que luego de la exhibición guardé durante un año, hasta que Javiera Gutierrez me invitó a participar de la muestra “Libro Objeto”. Aproveché la invitación para seleccionar algunos de esos retratos y jugar con la composición de figura y fondo, reciclando telas de diferentes colores. Lo encuaderné como un libro objeto grande, pesado, con cuerpo.

Por lo general los libros textiles que he hecho tienen esa característica que me gusta mucho, pesan, cada página es gruesa.

¿Cómo se da la Escuela Libre Textil a la cuál perteneces?.

La Escuela Libre Textil se forma en marzo, dentro del ambiente de la marcha del 8 de marzo. Un grupo de mujeres “textileras” comenzamos a conversar para juntarnos y compartir experiencias en torno al oficio. Lo que se propuso fue realizar una clase teórica al mes en la que que alguna expusiera al resto sobre los temas que impulsan su investigación textil.

A las clases hemos asistido entre 6 a 10 mujeres y hemos transmitido cada sesión en directo desde la cuenta instagram de la Escuela Libre Textil para que puedan participar otras mujeres que no alcanzan a llegar a la clase por tiempo o distancia. Cada sesión ha sido muy enriquecedora y los comentarios de los que ven la clase online han sido también muy buenos.

Este ejercicio nos parece necesario porque muchas veces nos vemos enfocadas cien por ciento a la producción y las técnicas, dejando en segundo plano los conceptos y los aspectos históricos y sociales que nos llamaron a ser textileras. Aterrizar la teoría en una clase o breve ponencia nos ayuda a todas a entender los procesos y a analizar el escenario textil nacional en nuestros tiempos.

¿Tienes algún proyecto nuevo en marcha?

Estoy trabajando en un libro sobre las casas y los cambios de casa, escrito por Julia Peslier. Ahora en Julio realizaré una residencia en Fundación Planea (hermoso espacio enfocado a los oficios en Recreo, Viña). Durante la residencia espero terminar los textiles que ilustran la primera parte del libro, para exponerlos en Viña y seguir avanzando en el libro.

Por último, nosotras entendemos lo diverso como todo aquello que nos parece distinto a nuestra realidad y entorno. ¿Cómo lo entiendes tú?

Yo entiendo lo diverso como lo que no se puede clasificar. y personalmente creo que lo inclasificable puede ser algo bueno. A mí algo inclasificable me sugiere algo cambiable, adaptable, renovable, no excluyente, eterno.

Siempre me acuerdo de un fanzine que llegó a mis manos en una de las primeras ferias en las que participé y que hablaba de los principios de la permacultura: ​Integrar más que segregar, usar soluciones lentas y pequeñas, usar y valorar la diversidad, usar los bordes y valorar lo marginal, usar y responder creativamente al cambio.

Lo diverso me suena a eso, a lo que no se impone, a lo que observa a su entorno y puede convivir.

Conoce más de su trabajo en: https://franciscarobles.wordpress.com/losmusgoamigos.blogspot.com/

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