#Conozcamos a Mar Benegas

Ella es Mar Benegas, nacida en Valencia, España. Es poeta y escritora de libros infantiles y de adultos. Formadora especializada en poesía, animación a la lectura y creatividad tanto para niños y niñas, como adultos. Trabaja en escuelas, colegios y asociaciones profesionales de bibliotecarios, universidades, fundaciones y otras instituciones. Colabora en iniciativas y espacios de creación cultural vinculados a la lectura y la poesía. Es directora de las Jornadas de Animación a la Lectura, Escritura y Observación (JALEO) y fundadora junto Jesús Ge, de El sitio de las palabras, desde donde ofrece formación virtual y presencial.

Sus libros han sido publicados (y traducidos) en China, Brasil, Corea, Italia o Francia.

Entrevista: @Urdimbrediciones
Imágenes: @Mar Benegas

Nos encantamos con tu libro “Abecedario del cuerpo imaginado” publicado por la editorial A buen Paso hace un par de años. Disfrutamos de cada uno de los 27 haikus. Desde entonces no te perdimos de vista, siguiendo cada una de tus nuevas publicaciones.

¿Cuándo decidiste dejar tu quehacer de asesoría laboral y dedicarte de ancho a escribir poesía?

Bueno, fue una decisión madurada durante largo tiempo. Ya tenía algún libro publicado y la certeza de que aquel no era mi lugar. No era un trabajo en el que me sintiese a gusto, pero creo que el detonante fue aquella tarde en la que, al llegar a casa, enfadada y triste, mi hijo, que tenía por entonces 7 u 8 años, me dijo con esa lógica aplastante infantil:

Mamá, no puedes tener un trabajo que te hace llorar.

Por eso, tras muchas vueltas y en plena crisis económica, decidí dejar el trabajo. Una de esas locuras que hacía que la gente abriese mucho los ojos y dijese: “¿Estás segura?, ¡pero si tienes trabajo seguro!«

¿Cuáles son tus poetas o escritores/as imprescindibles?

¡Uy!, eso es una pregunta un poco complicada, haría una lista muy larga y siempre dejaría a alguien importante fuera. Tengo muchas poetas preferidas, muchas lecturas. Leo, sobre todo, poesía, poesía y LIJ en general, pero también me encanta la poesía “de mayores”. Leo bastante ensayo. Y me gusta mucho la literatura epistolar, sobre todo entre poetas.

¿Tienes algún libro de cabecera, al que recurres cuando has tenido un mal día y necesitas cobijarte?

Siempre he pensado que la poesía tiene la capacidad de encender una pequeña luz en mitad de la oscuridad. No es un libro al que volver, son muchos libros que abrir, y, en general, abriendo al azar, siempre hay un poema, como una especie de oráculo, que me devuelve al centro, la calma. Esa capacidad maravillosa de la poesía de ser tan íntima como universal. Suelo abrir los libros así, como esperando esa parte que los hace míos, si me hace vibrar es un buen refugio.

¿Cómo se construye tu proceso creativo, vas apuntando alguna imagen o situación que te inspira?

Cada libro tiene su proceso, en general el libro, el poema, comienzan a escribirse antes incluso que yo lo sepa. Una luz determinada, una hoja, el viento, algo que me ha sucedido, algo que siento o temo o me emociona… En general me inspira la vida, es cierto que estar en contacto directo con los niños y niñas de todas las edades me alimenta mucho para saber qué quiero decir. Dialogar con ellos, contarles, cantarles… según la edad, es lo que más me inspira. Todos mis poemas para niños y niñas, los libros, historias, cuentos rimados: nacen de la necesidad de decir, de contarles algo, la suerte es que luego puedo llevarlo a la realidad y hablar con ellos de todo eso.

Igual que para la poesía que entabla conversación conmigo misma y no va dirigida ni está pensada para la infancia suele alimentarse de la contemplación. Vivo en un lugar donde los árboles, el bosque, los paseos… me dan un retorno de lo que soy, ponen orden a través de su caos a mis pensamientos. Conducir, conducir también.

Una vez nace esa necesidad de decir, entonces todo se sumerge en un proceso obsesivo hasta que el libro es terminado: no duermo, me levanto a las 4 de la madrugada a escribir, no pienso en otra cosa, me grabo las ideas en la grabadora… y busco cualquier momento libre para escribir. Por eso, mi mejor tiempo de escritura es un estado mental, de inmersión total, de un aquí y ahora con el libro del que no puedo separarme hasta que no lo termino.

Por ahí leíamos en tu blog sobre ese vínculo indisoluble entre la infancia y la palabra, que compartimos absolutamente: “No es posible separar los primeros años de la vida de la poesía. La infancia vive en la poesía y en la poesía crece. Sin entenderla, sin cuestionarla. La vive con el cuerpo y con el alma”. ¿Cuéntanos cuáles fueron esos versos, ese hilo cántico, poético, que arrolló tu infancia?.

El folclore, la poesía de tradición oral, claro. Los juegos de falda, las nanas y luego, más tarde, los juegos socializadores: juegos de comba, sorteo, retahílas escénicas, cuentos infinitos y acumulativos, poemas y canciones aprendidos en la escuela, en la calle, en el patio… que todavía guardo.

Así me gusta comenzar mis cursos de poesía: haciendo memoria, porque esa memoria poética es la que nos arropa, las que no da la identidad propia y colectiva.

¿Cuáles han sido tus referentes en el ámbito artístico?

Aquí pasa un poco como con mis poetas de cabecera. Me gusta el arte en general, me gustan autores que no defraudan, pero también me encanta el teatro y la danza. Solemos ir con asiduidad a museos o estrenos teatrales.

Me gusta cuando el arte mezcla lo poético con la imagen. Una de las obras más impresionantes que vi en los últimos tiempos fue la obra «SINCE SHE (2018)« de Dimitris Papaioannou, de la compañía de Pina Baus. Poesía, danza, imágenes casi pictóricas, oníricas… por ahí van mis gustos.

¿Existe algún ilustrador o ilustradora al que sigas especialmente con interés?

Sí, sí, por supuesto. Me fascina el trabajo de la ilustración actual, de muchas compañeras creadoras, de cómo un texto y una imagen pueden multiplicarse exponencialmente. Como se ven danzar a la perfección y contar su propia historia, cada una, complementándose.

Sería eso, exactamente, me gusta cuando la imagen y la palabra ofrecen visiones distintas pero complementarias. 

El libro “A juego lento, taller de poesía” (Litera, 2016) relaciona la creación con la cocina, los ingredientes con las palabras. ¿Cómo surgió esta idea de elaborar un libro sobre consignas poéticas?

Bueno, A juego lento surge de mi propia experiencia, como os decía antes mi contacto directo con la infancia y con mediadoras (docentes, sobre todo), me hace tener una visión bastante directa y real sobre la situación de la poesía en las escuelas, casas y bibliotecas.

Al haber una carencia de base: no se lee ni se tiene presente la poesía, hay una falta de recursos y herramientas. Yo, que no hago otra cosa en mi día a día más que pensar y buscar la manera de acercar la poesía y la infancia (tanto lectora como creativamente), pienso en la manera de facilitar esta labor a familias y docentes. A partir de los talleres que imparto niños y niñas de todas las edades y de la manera en que yo aproximo el juego creativo a los grupos surge este libro que es un taller para jugar con los versos y la creatividad. Muy completo y muy trabajado, que se gestó durante años.

Un manual para que la poesía y la infancia se encuentren, paso a paso, con juegos, propuestas, tipos de poesía y recursos básicos. Y sí, parece que funciona. Es una alegría saber que algunas escuelas, algunas maestras estupendas, lo usan como complemento al libro de texto.

¿Tiene relación tu libro “Caja de Palabras” (Lóguez, 2014), con el hecho de querer extender la posibilidad de la escritura creativa con el desarrollo de la plataforma “El sitio de las palabras” donde ofrecen (junto a otros profesionales ligados la Literatura Infantil y Juvenil) una amplia variedad de cursos virtuales para padres, madres, mediadores, bibliotecarios que buscan  acompañar la formación de futuros/as lectores?

Todo lo que hago tiene relación, siempre. Aunque no me dé cuenta. Y sí, “La caja de las palabras”, como “A juego lento”, o “Abecedario del cuerpo imaginado” o… tienen mucho de esa trinchera mía de intentar superar los escollos creativos con los que se encuentra la infancia y la juventud a través de las mediadoras y familias. Un sistema capitalista del que no se libra nuestro sistema educativo en el que la creatividad está, paradojas de la vida, castigada desde la más tierna infancia pero que premia a esas pocas personas que, a pesar de las restricciones, consiguen mantener intacta su capacidad creadora. Pero en lugar de dirigirla hacia el arte se dirige hacia el terreno empresarial: emprendedores, creativos publicitarios, empresas novedosas que crean tendencia… vivimos una revolución de lo creativo que va contra lo creativo.

Desde ahí mi trabajo se centra, sobre todo, en buscar y facilitar esa capacidad transformadora de la poesía y la palabra (somos seres de palabra, el lenguaje conforma nuestro pensamiento) y la creatividad. Mis historias, mis libros y, como decís, “El sitio de las palabras” van en esa línea. “El sitio de las palabras” es una escuela virtual que nació en 2013 pensando justo en la formación de los mediadores para animar a leer, a crear, a pensar, a jugar…

Imaginamos lo complejo que debe haber sido para ti ser una especie “de curadora de poemas” para la antología “44 poemas para leer con niños”, sobre todo considerando la infinidad de rimas y versos que tuviste que revisar. ¿Cuál fue el criterio para seleccionarlos?

El criterio nace de una convicción: si no te gusta la poesía es porque todavía no has encontrado tu poema. Por eso en “44 poemas para leer con niños” se encuentran tantos tipos de poesía distintos.

También me interesaba que fuera un libro de largo recorrido, que pudiera acompañar a una familia en cada uno de sus tiempos, desde que el bebé llega hasta la juventud, el libro que me hubiera gustado leer con mi hijo, a bocaditos, como se lee la poesía, sin atracones, pero disfrutando en cada momento de poemas “para su edad”, pero también de los otros, esos que ir saboreando poco a poco, según fuera creciendo.

¿Cómo intentas acercar la poesía a niñas y niños, teniendo en cuenta que muchas veces, por desconocimiento se huye de ella?

Es fácil. La poesía y la infancia prenden con facilidad, son como una chispa y una hoguera bien armada. Nunca me encontré, como dices, ningún niño o niña que huya de la poesía. Lo que más cuesta es la barrera mental de las personas adultas, de las familias y docentes, de bibliotecarias… que esa resistencia o desconocimiento hace que no sepan cómo abordar. Pero con las herramientas adecuadas más que fácil es natural, orgánico, la poesía y la infancia crecen juntas. 

¿Cómo te vas acercando a la voz de los pequeños y pequeñas con las que trabajas en la escuela?

Bueno, siempre hay algunos elementos fundamentales: hablar de poesía, escuchar poesía, crear poesía, leer esas creaciones. Esos serían los tres pasos. Da igual el tiempo del taller, la edad, el tipo… son los elementos, y en ese orden, que siempre pongo a funcionar. Mezclado, claro, con mucho respeto, escucha activa, seriedad y rigor, risa… son sesiones muy pensadas y cuidadas que, en general, funcionan solas.

 Les hablo de lo que significa la poesía para mí, les recito poemas y les hablo de cómo nacieron y por qué, de cómo me ayuda a mí la poesía y luego, la curiosidad innata y las ganas de jugar hacen el resto.

¿Cuál ha sido el trayecto para lograr realizar, por seis años consecutivos, las Jornadas de Animación a la Lectura, Escritura y Observación (JALEO), de la cual eres directora? Quizás es muy pronto para preguntar sobre una nueva edición, mas para quedar atentas y atentos ¿Cómo se proyecta este 2020?

JALEO Valencia 2019Difícil y gratificante a partes iguales. Son unas jornadas consolidadas que, sin embargo, penden de un hilo. Con más de 200 inscripciones de todos los puntos de la geografía española pero también del extranjero (este año tuvimos alumnas de Chile, Colombia o Viena, que vienen, en exclusiva, a las Jornadas). Unas jornadas internacionales que implican a muchas instituciones y que nos requieren muchísima energía. Que convierten la ciudad de Valencia en la sede de unas jornadas donde vienen mediadoras de todos los lugares a escuchar hablar de libros, de lectura… un maravilloso lugar de encuentro con ponentes internacionales, unos días que siempre se convierten en inolvidables.

Con un curetaje que se gesta de año a año, que intenta aunar lo teórico con lo práctico, donde se reflexione y se piense (con conferencias cada mañana) pero también se haga (con talleres prácticos por las tardes y muestras de proyectos que están funcionando ya). Con espectáculos artísticos y poesía…

En fin, es una organización grande, que cuenta con apoyos imprescindibles pero que siempre penden de un hilo, por tanto, es complicadísimo llevarlo adelante porque no hay una apuesta, a pesar de lo consolidado del proyecto, real y segura por parte de las administraciones competentes. Y ese, como cada año pero un poco más complicado, es el panorama para este 2020.

¿Tienes alguna novedad que quieras compartir con nosotras para este nuevo año que acabamos de iniciar?

Se acercan proyectos preciosos, la agenda está completa, mucha poesía, muchos libros, muchas niñas y niños, muchos cursos virtuales (os recomiendo mucho que paséis por nuestra página www.elsitiodelaspalabras.es), y así se presenta este nuevo año.

Como novedad ilusionante, además de todos esos proyectos y libros que se acercan, hemos lanzado, esta misma semana, una campaña de sensibilización poética en nuestra página. Era una idea que nos rondaba hacía tiempo y que por fin pusimos en pie. Se trata de la campaña “Poemas al vuelo”, a través de la suscripción a nuestra lista de correo cada viernes se recibe un poema en audio y en formato jpg.

Ha tenido, la primera semana, una acogida maravillosa y estamos felices. Aquí os dejo la campaña, por si alguien quiere suscribirse.

Por último, nosotras entendemos lo diverso como todo aquello que nos parece distinto a nuestra realidad y entorno. ¿Cómo lo entiendes tú?

Entiendo la diversidad como aquello que nos hace iguales desde la singularidad.