En el bosque - Ana María Matute y Elena Odriozola

En el bosque

“¿Qué pasa cuando nos adentramos en el bosque? ¿Qué idioma nos cuenta el crujido de las hojas? ¿Qué escribirán los pájaros en cada vuelo? ¿Has oído como late el corazón del mundo? ¿Acaso oyes el dum dum, que emana como susurro de entre la hierba?”

Develar un objeto, tomarlo entre las manos, como cuando sostienes un libro antes de abrirlo. Enfrentarse a la portada, antes de hojearlo, al título y la autoría de quien lo escribe, quien lo ilustra. Leer en silencio “En el bosque” y acceder. Una vez dentro constatar que la concepción de libro como tal, desaparece. No existen las guardas, ni la doble página, en cambio; al abrirlo, los espacios que construyen la página par e impar –cada una independiente de la otra– albergan, como en un juego, dos elementos adicionales que nos revelarán nuevas formas de lectura: un cuadernillo blanco, que construye en palabras el bosque de Ana María Matute “Porque el bosque era el lugar al que me gustaba escapar en mi niñez y durante mi adolescencia; aquél era mi lugar”. Al lado, la primera tarjeta de una pila de nueve, ilustradas a color sin texto, que nos señala el camino hacia el bosque y su acceso a él: el lector –como nosotros– está a punto de emprender un viaje.

Una vez dentro, dependiendo del camino elegido –así como Alicia en el País de las Maravillas– habremos tomado una opción. Leer la mini publicación de ocho páginas, encuadernada artesanalmente que incluye los textos extraídos del discurso que leyó Ana María Matute al ingresar a la Real Academia Española, el 18 de enero 1998. Como un elemento independiente, que considera los elementos paratextuales de un libro (formatos, cubiertas, guardas, página de títulos, páginas internas, contraportada) con características similares a los fanzines (publicaciones de poco tiraje). Las guardas coloridas, se vinculan con el patrón ampliado que tiene como diseño cada una de las tarjetas en su cara superior. Las palabras del discurso van acompañadas de figuras ilustradas a un color (azul), detalles que complementan al texto, como una niña con máscara de conejo o una casa humeante que se traslada a la siguiente página. La última parte, incorpora aspectos biográficos de la vida de la autora, la vivencia de la guerra civil española y cómo las palabras y la ilusión, se convirtieron en la forma que encontró para habitar este mundo.

Si optamos por la segunda opción, dispondremos las nueve tarjetas ilustradas fuera de la caja (que como decíamos, en su cara superior mantiene el diseño entramado de las cartas de naipes antiguas) y exploraremos las posibilidades lúdicas que ofrece la combinatoria de las mismas. Internarse en el bosque y recorrerlo siguiendo las pistas que nos entregan las escenas ilustradas por Elena Odriozola. Prescindir de las instrucciones y dejarnos guiar por la intuición o curiosidad de la niña y su perro –que también es nuestra– uniremos la franja roja, sin perder de vista al venado, al perro o al caracol. ¿A qué personajes seguiremos? ¿Será a la niña, al hada o al conejo blanco?

¿Cómo pensamos el bosque? ¿Con qué relacionamos su paisaje? ¿Qué historias reconoceremos? Dentro de la literatura infantil el bosque aparece como un territorio, un espacio físico nutrido de representaciones y simbolismos. En los cuentos tradicionales maravillosos, es el espacio transitorio que puede representar una extensión de tierra poblada de árboles altos y frondosos, en donde seres mágicos, hadas, flores animadas y/o animales humanizados habitan un paisaje luminoso, claro, amable (positivo); o puede llegar a ser todo lo contrario, el bosque se torna un lugar confuso, espeso, oscuro (negativo) donde los árboles aparecen talados, repletos de espinas. Es esta dualidad la que constituye al bosque un lugar donde confluyen creencias, tradiciones, leyendas, supersticiones transformándolo en una geografía que delimita lo maravilloso de lo real, pudiendo ser un lugar idílico (Locus amoenus) o lo opuesto, un lugar yermo (Locus eremus).

En los textos extraídos de su discurso “En el Bosque”, Ana María Matute, narra en primera persona su experiencia con aquél lugar “un bosque infinito, con claroscuros, criaturas, deseos, sueños, personas y personajes misteriosos”, nos lo describe “Allí presentí y descubrí, minuto a minuto, la existencia de innumerables vidas invisibles, el rumor de sus secretos comunicándose de hoja en hoja, de tallo en tallo, de gota en gota de rocío, conducidos a través del bosque por los diminutos habitantes de la hierba” hace referencias intertextuales a los cuentos tradicionales, para que el lector(a) pueda relacionar el bosque como escenario de otras obras tradicionales que ya conoce dentro de su intertexto lector: el bosque de “Caperucita”, de “Blanca Nieves”, de “Hansel y Gretel”, “Pulgarcito” o “La Bella Durmiente”.  Además nos comparte su visión sobre la experiencia de la oralidad  “Es la antiquísima voz que se eleva desde lo más profundo de la primera historia contada. Es la historia de todas las historias que siempre quise y quiero contar”, la pulsión e inspiración “que existe el canto del bosque entero donde residen infinidad de historias que jamás se han escrito y acaso nunca se escribirán”  que la condujeron hasta la escritura de ésta y otras tantas historias. 

En el bosque - ilustraciones
En el bosque - interior
En el bosque - texto
En el bosque - ilustraciones

Las ilustraciones de Elena Odriozola construyen esa cosmogonía de los cuentos de hadas tradicionales, de los seres que habitan el bosque: pájaros, conejos blancos, ninfas, hadas, duendes, una torre, puertas dibujadas en los troncos de los árboles, pequeñas pistas que nacen de una primera o segunda –y hasta una tercera lectura– siguiendo a la niña y su perro, o algún otro detalle, pues –más allá de la frondosidad de los árboles– lejos, se asoma un cielo despejado. Un submundo que nace de otro, se desentraña la luna, al caracol gigante, al caballero medieval y la princesa. También a Saturno colgado a una noche, abajo y sin perder de vista a la niña y su perro, aparece también el bosque talado. Odriozola consigue complementar con su desarrollo gráfico, el universo fantasioso de los cuentos de hadas tradicionales, además logra fijar en la imagen tres puntos de anclaje en cada tarjeta: la línea roja, la niña con su perro y la criatura de la izquierda y derecha. La paleta empleada combina tres colores: el rojo del atardecer (lo vivo) y el azul de los árboles –ambos colores– son contrarrestados por la tinta dorada, semejante al color del oro, que se vincula con lo tradicional y lo decorativo.

Una propuesta en donde la fisicidad del libro se desestructura y experimenta a través de la forma, para provocar una experiencia lectora diferente, a través de los sentidos y la lectura de las imágenes; en donde se juega con la materialidad del libro como objeto, capaz de activar en el pequeño(a) –lector en formación– la curiosidad, la combinación, la belleza de observar cada detalle que aparece en las imágenes, desafiando la forma tradicional de leer, una lectura interactiva tomada del concepto Miriorama, palabra inventada en el siglo XIX (Leipzig, Alemania, 1830) que hace referencia a un  juego que consta de entre 8 y 18 cartas ilustradas que se pueden mezclar aleatoriamente entre sí, lo que hace posible crear millones de escenas. Así, el proceso de construcción de sentido se irá armando según el lector y la historia que pueda conjeturar –infinitas entre sí– al unir un detalle con el otro de la siguiente tarjeta. Cada paisaje se termina de formar de acuerdo a los elementos de la otra imagen –cercanos a los costados– que coincidan con los de cualquier otra tarjeta. De esta manera es posible construir imágenes continuas disponiendo las tarjetas en hilera, una al lado de la otra, en cualquier orden. Estas combinaciones crearán nueve historias diferentes, desde distintos puntos de vista. La lectura requerirá de la cooperación activa del lector(a) de su manipulación y sus ganas de experimentar. Como las propuestas de Bruno Munari, referente ineludible de la experimentación hacia el objeto libro con su formato y materialidad, en donde confluyen las dimensiones del juego y el pensamiento. Un artefacto –libro/caja– híbrido, que  busca incentivar la lectura icónica e imaginativa, desarrollar la curiosidad del lector a través de una propuesta estética, que nos llevará a enfrentamos a una nueva forma de leer.

Sobre la autora:

Ana María Matute. Nacía un 26 de Julio de 1926 en Barcelona, España. De pequeña, se había encantado con los cuentos contados por su abuelo. Encontró en la escritura y en las palabras una forma de desvío, a través de mundos inventados que le permitió refugiarse de la guerra civil española. Experiencia que le mostraría que las historias no siempre acaban de un modo feliz. Escribiría historias que transitarían entre la realidad y la fantasía, visibilizando la desigualdad, las injusticias y el dolor. Con esa sabiduría, Matute revisa los cuentos de hadas tradicionales reversionando el clásico cuento de Perrault con su versión «El verdadero final de la Bella durmiente» (1995). Ganó el Premio Cervantes en 2010. Con sus novelas destinadas al lector adulto como “Los Abel” (1948); “Pequeño Teatro” (Premio Planeta, 1954); “Los hijos muertos” (Premio de la Crítica, 1958 y Premio Nacional de Literatura, 1959). Cuando nació su hijo Juan Pablo, comenzó a escribir cuentos para él. Su primer libro de cuentos para niños y niñas se llamó “El país de la pizarra” (1957). También “El saltamontes verde” (1961), “Carnavalito”(1962) “El polizón de Ulises” (Premio Lazarillo, 1965). Ana María Matute sostenía que “La infancia es el período más largo de la vida”. En 1970 fue finalista del Premio Hans Christian Andersen. Fallece en Barcelona, el 25 de junio de 2014.

Pequeño teatro - Ana María Matute
Los Abel - Ana María Matute
El país de la pizarra - Ana María Matute

Otros títulos de Elena Odriozola:

Frankestein
Cuentos del país de los vascos
Aplastamiento de las gotas

Propuesta de mediación:

Como hemos revisado, el formato de la propuesta nos permite pensar diversas actividades para trabajar con las niñas y niños en el aula o fuera de ella. Acá te presentamos una sugerencia:

> ¿Qué es lo que cuentan?

Objetivo: desarrollar la lectura icónica y la escritura creativa. 

A través del orden y disposición de las tarjetas, cada niño y niña podrá elegir dos formas para inventar su propia historia: a) según la secuencia que arme, utilizando tres, seis o las nueve tarjetas. Se le puede pedir al niño o la niña que escriba un texto a partir de lo que observa. b) También puede crear una historia utilizando una sola tarjeta. Puede optar por un personaje, un animal, la niña, en su expresión, o la emoción que le transmiten los personajes en cada escena. La extensión del texto puede ser una oración de una o dos líneas, un diálogo o un poema de verso libre.

En el bosque - portada

Título: En el bosque

Autor: Ana María Matute

Ilustrador: Elena Odriozola

Editorial: Libros del Zorro Rojo

Año publicación: 2017

Clasificación: Caja – Libro objeto – juego

Edad recomendada: Para los que ya leen  / A partir de los 6 años

Temas: Fantasía, bosque, imaginación, personajes de cuentos, fantasía, naipes, manipulación, juego, creación.

Para profundizar más sobre la vida y obra de Ana María Matute te dejamos los siguientes links:

Y si quieres conocer el trabajo de Elena Odriozola y su proyecto editorial, estas son sus web: